- ¡Ana! – insistía la voz – ¡Si! – atiné a decir ya que Ana no salía y la puerta se abrió, una mujer rubia muy arreglada entró y me miró con un gesto de desagrado – ¡Suze! – exclamó Ana que venía saliendo y al escuchar ese nombre sentí que un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, no dejaba de mirarla impactada - ¿Te conozco? – me preguntó – No… soy…- le respondí sin saber qué decir, cómo si hubiera olvidado mi propio nombre – Rebeca…- añadió Ana - ¿La Rebeca? No es la gran cosa…– murmuró escaneán