El tiempo se fue volando y pronto llegó el día de viajar para la boda de mi suegra, Miguel había partido hace una semana, al parecer las cosas entre él y Suze marchaban bien, nosotros saldríamos por la tarde, así que aproveché la mañana para ir a dar un paseo al parque, me senté en la hierba después de una larga caminata y cerré los ojos para meditar - ¡Hola, perrita! – una voz conocida me sobresaltó -Chema…- dije entre dientes -Ya te advertí que no me llames así…- le dije con tono amenazante -