Habían pasado apenas cuatro días. Y de alguna forma ninguno sentía que en la casa hubiera paz o alegría, habían veces en que Julian se desquiciaba y empezaba simplemente a gritar. Eso asustaba a todos, más a los pequeños. Kate no lo soportaba. Hubiera dado cualquier cosa para que Julian fuese libre de nuevo, libre para ser ese hombre tan serio, formal, y de mirada minuciosa, aquella que tanto conocía, aquella que tanto amaba.
« ¿Aun me recuerdas allí adentro? Por favor no me olvides. »
Muchas