Mientras los niños se quedaban tiesos en la escalera, Kentin y yo los mirábamos con miedo. No queríamos que nuestros hijos escuchen nuestras peleas y problemas, intentamos disimular.
—Buenos días, niños —saludó Kentin con una sonrisa y me abrazó la cintura para demostrar que todo estaba bien.
—Hola —dijo tímidamente Liam.
—Hola, mamá. —Catrina imitó a su hermano.
—¿Por qué estaban gritando? —preguntó mi hijo mayor. Por mucho que Kentin quiera disimular, nuestros hijos eran muy inteligentes y sa