Gaeil y yo bajamos por el ascensor mientras mi hermano mayor no paraba de darme toques entre medio de las costillas, soy muy cosquilloso y no podía evitar dar pequeños espasmos, a pesar de que ya le había dado tres puñetazos, no paraba de molestar.
Coloqué los ojos en blanco mientras las puertas del ascensor se abrieron ante nosotros, salimos al garage del subsuelo y desactive la alarma de mi Jeep.
—Yo conduzco —dijo Gaeil, me envaré.
—Ni en tu sueños —le dije mientras me subía en MI lugar, que