Dante
Estoy sentado en mi despacho, con las luces tenues y la pantalla de mi computadora iluminando los rostros de los nuevos empleados de la mansión.
Luciano está a mi lado, pasando las páginas de los expedientes con meticulosidad, mientras yo analizo cada detalle, cada posible conexión con los Vitelli.
—Dante, yo mismo hice las entrevistas —dice Luciano, su tono firme pero con un matiz de frustración—. Estos hombres no tienen ningún vínculo con los Vitelli.
Aprieto la mandíbula, sin apartar l