Lucía
Estoy en el estudio de Dante, con las manos frías y el corazón latiendo con fuerza contra mi pecho. La nota que le entregué está ahora en su escritorio, sus dedos la recorren una y otra vez, como si quisiera encontrarle un significado oculto que a mí se me escapa.
El silencio en la habitación se vuelve sofocante, como si el aire pesara sobre mis pulmones.
Dante está furioso. Puedo verlo en la rigidez de sus hombros, en la manera en que su mandíbula está tensa.
No me ha dirigido la palabr