Azucena no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo. Estaba furiosa, su mente nublada por la rabia extrema. No escuchó la conversación entre Miguel y Atilano, ni entendió la verdadera situación. Solo vio a Atilano caer estrepitosamente al suelo, con una expresión de sorpresa en su rostro.
—Tío, ¿qué te pasa? — preguntó Azucena apresuradamente. Pero en ese momento, Atilano estaba demasiado débil para hablar.
Su secretario, junto a él, estaba pálido de miedo, temblando por completo. Si Atilano no