Simón salió y se dirigió directamente a la universidad donde ella estaba buscando la papelería.
En la oscuridad de la noche, Ximena estaba parada bajo la débil luz de la lámpara, visiblemente inquieta.
Simón bajó del auto y se acercó a Ximena.
Al verlo, Ximena exclamó muy apresurada: —¡Amigo, has llegado!
—¿Qué está pasando? — frunció el ceño Simón.
Ximena respiró hondo y dijo: —A María la acompañaron los de la escuela.
—¿Por qué? —le preguntó él.
—Ayer al mediodía, estábamos comiendo en el come