—¿Tobías?
Viendo a su hijo fuertemente golpeado, Quintiliano se puso rojo de ira.
Miró con ferocidad a Macario y gritó: —¡Devuélveme la vida de mi hijo!
De repente, Quintiliano formó una enorme espada en su mano, emanando una poderosa energía espiritual, y la blandió hacia Macario.
El aire resonaba con un fuerte silbido agudo mientras la espada cortaba el suelo, dejando una gran grieta a su paso.
El poder de este ataque parecía extraordinario.
Pero Macario solo sonrió fríamente y se levantó, lan