—Demasiado arrogante, — pensó.
Al ver a sus subordinados heridos, Onofre finalmente estalló por completo en ira.
—Dominio de Hielo.
Con un grito furioso, Onofre conjuró una enorme espada de hielo oscuro en su mano, con dos enormes alas de hielo surgiendo detrás de él.
Un frío extremo se apoderó en ese momento del lugar.
—¡Toma esto!
Onofre blandió con rabia su espada hacia Herman.
—Trucos insignificantes, — se burló Herman, mientras invocaba una gran llama sagrada que se abalanzaba hacia la espa