Simón avanzó lentamente hacia el gran agujero y extendió la mano hacia el cráneo.
En el momento en que tomó el cráneo, una misteriosa fuerza recorrió todo su cuerpo.
Simón mantuvo la compostura, reflexionando en completo silencio.
Esta fuerza no solo era de energía espiritual, sino que también contenía un poder mental muy poderoso.
Para una persona común, el solo hecho de sostenerlo así probablemente sería insoportable, llevándola a la locura.
Después de un rato, Simón introdujo el cráneo en la