Esto ya se esperaba, pues él no había sentido la fuerte presencia de ese tipo de poder. Solo estaba un poco descorazonado.
Observó que Hilario y los demás aún no habían regresado. Simón se sentó directamente en el suelo muy pensativo y comenzó a meditar. Tenía algunas revelaciones que asimilar.
Al caer la tarde, Hilario y los demás regresaron con gran entusiasmo. Al ver a Simón meditando, ni siquiera se atrevieron a molestarlo.
En su lugar, abrieron sus mochilas y colocaron las siete gemas que