En ese momento, Aureliano se interpuso ante Cornelio, su fuerte presión espiritual envolvía a Cornelio como grandes olas que se acercaban a Simón.
La velocidad con la que formaba los sellos con las manos era tal que el ojo humano no podía seguir.
En un abrir y cerrar de ojos, Aureliano había completado otro hechizo.
—Maldición de los muertos.
Aureliano con gran dificultad extendió un dedo, apuntando a Simón, como si ese dedo pesara toneladas.
Una masa de luz grisácea salió de su dedo, volando di