Simón esbozó una sonrisa profunda y dijo: —¿Y si no me voy?
El hombre con tatuajes en los brazos se quedó sin palabras por un breve momento. La imponente presencia de Simón le infundía un cierto temor extraño e inexplicable.
En ese momento, Simón refunfuñó con desdén y miró a Mauro diciendo: —¿Qué está pasando?
Mauro, aparentemente saliendo de su estado de desesperación, ahora veía a Simón como alguien a quien en realidad le podía confiarle sus penas.
—Señor, explíquenos, somos trabajadores, nun