La multitud estalló en otro cálido y fervoroso aplauso.
Heriberto sonrió y dijo: —Bien, ahora que comience el banquete, ¡todos disfruten y coman a gusto!
Los camareros, vestidos con largos vestidos, entraron en fila y comenzaron a servir amablemente a los invitados.
Entre risas y bromas, la multitud comenzó a disfrutar del banquete.
Pero en ese momento, entraron varias personas, uno de ellos gritó: —¿Heriberto, aún tienes la dignidad para celebrar un banquete?
La multitud quedó totalmente sorpre