Daniela levantó la cabeza con dificultad. En su rostro, se entrelazaban varias marcas de látigo, haciéndola parecer aterradora, completamente desfigurada.
—Seguir torturándome no sirve de nada en absoluto. Tu hijo está muerto y nunca volverá a vivir. Pasarás el resto de tu vida en tristeza, envejeciendo y muriendo sola. Eres una bruja pervertida—dijo Daniela con dificultad, pero con gran desdén, mirando fijamente a Milagros.
Milagros se quedó atónita por un momento y luego estalló en furia.
Sus