En un instante, todas las miradas se posaron en el guerrero.
Era evidente que estaba muy asustado.
La mano que sostenía la espada temblaba, y sus pasos tambaleantes casi lo hicieron tropezar.
Sin embargo, se lanzó directo hacia Simón.
Aquella presencia aterradora.
Simón entrecerró los ojos, observando fría y aterradoramente al guerrero.
De repente, una ráfaga de energía cortante atravesó el cuerpo del guerrero, partiendo su figura por la mitad.
El guerrero cayó, la sangre se derramó por el suelo