Pero parecía que ninguno de los dos tenía intención algún de rendirse.
Heliodoro suspiró en su interior. No vacilaba más y estaba listo para deshacerse de los dos de una vez por todas.
En el rostro del hombre se dibujó una sonrisa cruel.
Le encantaba este tipo de situación, esta sensación de tener el control total era simplemente reconfortante.
Solo que nadie estaba suplicando clemencia, lo cual le causaba un ligero remordimiento.
Pero no importaba, el Báculo del Difunto le había dado suficiente