Escuchando la voz al otro lado del teléfono, Simón no mostró sorpresa alguna, más simplemente respondió con calma: —Acaso ¿no es bueno vivir bien?
—Robaste de frente la empresa, casi me llevas a la cárcel. Entre tú y yo, uno de nosotros dos morirá— la voz del otro lado del teléfono sonaba con gran ferocidad.
Simón sonrió con sarcasmo y respondió: —Si es así como lo ves, no discutiré contigo. Venga, muestra lo que tengas para matarme.
Dicho esto, colgó el teléfono sin dudarlo. En sus largos días