Liberio tenía el rostro enrojecido, incapaz de articular palabra alguna mientras sostenía la píldora en sus manos.
Incluso los profanos podían ver la clara diferencia entre las dos versiones del Elixir del Regreso. La disparidad era tan evidente que mentir al respecto resultaría imposible.
Todos los comerciantes y expertos en el lugar miraban a Simón totalmente atónitos, incapaces de creer que existiera un Maestro Alquimista tan joven.
Su juventud no era solo una cuestión de edad, sino la gran