En ese momento, Simón se acercó lentamente a Luisa. Con frialdad, le dijo: —Atreverse a venir a nuestro país y atacar a un gobernador, ¿sabe cuáles son las consecuencias?
En ese instante, el hermoso rostro de Luisa estaba pálido, con sangre fresca escurriendo, parecía un hermoso demonio, difícil de describir.
Luisa seguía con vida, pero su mundo mental ya había sido destrozado por Simón, solo le quedaba una débil llama de su alma ardiendo.
Desde ese momento, se convirtió prácticamente en una per