Sin embargo, Daniela no preguntó más. Siempre había mantenido la regla de no inmiscuirse en los asuntos de su jefe, ya fuera como subordinada, amiga o amante. Sabía que en cualquier relación, mantener la discreción era lo mejor.
Después de escuchar la historia, Daniela sonrió levemente y comentó:
—Isla Lacustrina vale al menos quinientos millones. No cabe duda de que has tenido una ganancia considerable esta vez.
Simón respondió con una sonrisa:
—Fue una ganancia inesperada, ni siquiera lo hab