Manuel se rio a gran carcajada.
Mientras Isabel y Simón salían del hotel, Isabel dijo ansiosamente: —Maestro, ¿cómo podemos permitir que usted pague esos mil millones?
—No te preocupes, ya lo dije, mi dinero no es tan fácil de tomar, respondió Simón calmadamente.
Subieron al coche, e Isabel seguía muy preocupada: —¿Qué vamos a hacer con la conferencia de disculpa de mañana y sus mil millones?
—Iremos a la conferencia como estaba previsto, y yo hablaré por ti. En cuanto a esos mil millones, no te