Isabel estaba furiosa, apretando los puños y mordiéndose los dientes con fuerza.
Su antigua mejor amiga la había humillado así, deseaba poder abofetearla.
Pero sabía que no podía actuar impulsivamente; su hermano todavía estaba en manos de ellos, así que tenía que contenerse.
En ese momento, Simón habló pausadamente: —Verónica, tu manera de actuar es tan venenosa, tarde o temprano serás castigada. Manuel, abusas de tu poder, y las consecuencias no serán buenas. Les aconsejaría que se comporten.