Isabel se sentó al borde de la cama con una apariencia frágil y atractiva, dejando a Simón algo desconcertado.
—Señor, ¿crees que soy muy irrespetuosa?, preguntó Isabel con mucha timidez y vergüenza.
Simón tosió y dijo bastante apenado: —Ya casi es otoño, ten cuidado de no resfriarte.
—Señor, en realidad sé que no estoy a tu altura, pero si me necesitas, no te molestaré, me sentiría muy honrada. Y, además, soy virgen. Isabel mordió su labio, con el rostro sonrojado, revelando completamente sus s