Loreto, al ver que la unidad de operaciones especiales se acercaba, detuvo a sus subordinados con un solo gesto. Él valoraba su identidad y no quería llamar demasiado la atención. Además, le encantaba jugar de manera astuta.
Disfrutaba especialmente manipulando a sus oponentes, haciéndolos sufrir entre sus manos, incapaces de morir ni de sobrevivir, suplicándole desesperadamente. Esa era la sensación extrema que le proporcionaba un placer indescriptible.
Que los agentes especiales lo arresten pr