Cientos de lobos salvajes se volvieron completamente locos al percibir el olor de la sangre en el aire. Los lobos que acorralaban a Simón comenzaron a correr directo hacia él, y cuando ya estaban a solo unos cuantos metros, varios de ellos saltaron al mismo tiempo, mostrando así sus enormes colmillos afilados y atacando de manera directa a Simón.
En ese preciso momento, Simón no hizo ningún tipo de movimiento, pero en sus ojos brilló un destello de frialdad. Con frenesí, los lobos que se dirigía