Los agentes de élite quedaron atónitos al instante, al igual que la expresión cautelosa de Lucía. Sabía que cualquier practicante no era una entidad simple.
Sin embargo, Simón estaba bastante tranquilo y relajado. Hizo un sencillo gesto con la mano y luego chasqueó los dedos, diciendo: —Cañón de luz trueno.
En un instante, sobre la cabeza de Simón, aparecieron de inmediato dos bolas de trueno del tamaño de puños, disparando dos rayos de luz que directamente destrozaron las dos sombras de Orlan.