Valeria, al escuchar esto, estuvo a punto de desmayarse nuevamente de la ira.
Después de un rato, solo pudo decir con triste desánimo: —Ayúdame a concertar una cita con su jefe. Quiero hablar con él personalmente.
Luego, colgó el teléfono. Comprendía perfectamente que las consecuencias negativas del incidente de la boda ya estaban comenzando a manifestarse. No sabía qué más le esperaba, esta vez, pero solo podía empezar dando un paso.
Los padres de Valeria también tenían preocupaciones, conel ce