Evidentemente, las dos pequeñas serpientes ya habían tomado a Simón como su primer banquete desde el momento de su nacimiento.
—¡Malditas criaturas! — exclamó Simón, apretando con rabia los dientes. De inmediato, un aura oscura comenzó a emanar de su cuerpo, liberando una potente energía de destrucción que aumentaba de manera vertiginosa en su interior. Al instante, de su ser se desprendió una descarga eléctrica envuelta en esa energía destructiva.
La electricidad recorrió el cuerpo de la gigant