—¡Ya que han llegado, todos se quedarán aquí!
—Simón, recuérdalo bien, algún día te haré pagar este momento diez veces más caro.
Dicho esto, el hombre de la capa negra saltó de la serpiente gigantesca, y como si esta entendiera la orden, entró en un frenesí de rabia. Abrió sus fauces enormes y se lanzó directo hacia Simón.
—¡Grrraa!
Simón blandió su espada relámpago, que desprendía una luz blanca mezclada con relámpagos azulados. En un destello, lanzó un golpe hacia la serpiente.
—¡Boom!
El ataq