La luz de la luna caía suavemente sobre la superficie tranquila del arroyo. Baelor estaba en el agua, mientras que Bali se mantenía firme en la orilla, ambos mirándose fijamente, sin que ninguno hiciera el primer movimiento.
Era como si dos guerreros fríos y calculadores estuvieran en una especie de negociación silenciosa, aunque esto no era algo que Bali hubiera anticipado. Con una sonrisa irónica en los labios, comentó: —Nunca imaginé que pudieras conservar la calma; hace un momento parecías u