Simón miró a la señora Bryndis, pero ella solo pudo negar con la cabeza. Después de todo, todos esos objetos de la colección estaban guardados juntos, y no podía distinguir cuáles pertenecían a su padre y cuáles a su abuelo.
—Es cierto, recuerdo haber visto estos guantes de cuero cuando era niño. Mi padre los cuidaba con mucho esmero.
—¿Y usted sabe cuál es su origen?
Simón observaba a Caldrin con esperanza, buscando en sus palabras la respuesta que tanto anhelaba. Sin embargo, Caldrin sacudió