Santificado emitía un resplandor blanco que envolvía por completo todo su cuerpo. En un instante, apoyó un pie en el suelo y, como una sombra que se deslizaba a gran velocidad, se lanzó desesperado hacia Simón, con la furia de una flecha disparada.
—¡Voy a matarte!
Simón reaccionó rápidamente, haciendo complejas señales con ambas manos, y gritó: —¡Técnica de defensa de tierra, muro de piedra!
Al momento de pronunciar esas palabras, de repente tres muros de tierra, de medio pie de grosor cada uno