Simón tomó la taza de sopa y empezó a beberla lentamente. Mientras lo hacía, comentó: —Por cierto, Isolde, esta vez tengo que agradecerte. Gracias a ti y a que encontraste esa subasta, de lo contrario, puede que no hubiera aguantado hasta ahora.
Isolde sabía que Simón era un practicante de artes míxtas y que en los últimos días había tenido que enfrentarse a dos poderosos guerreros del Dominio Sagrado. Mientras lo observaba, un nudo se formó en su pecho, y le dijo con un tono de voz algo temblor