Simón observó el traje en las manos de Isolde y preguntó: —Por cierto, ¿sabes dónde hay alguna tienda de trajes por aquí? Mi ropa se ha roto, y me gustaría comprar un par de trajes nuevos.
Isolde, volviendo en sí, le respondió: —Sí, claro que sé, te puedo llevar.
Después del desayuno, bajo el cálido sol de la mañana, Isolde guió a Simón hasta una tienda de trajes de alta calidad. Al entrar, un vendedor se acercó atento para recibirlos.
Con una sonrisa cordial, el vendedor se dirigió a Simón y co