La ambición de Viriato provocaba en Simón un profundo desprecio. Sin vacilar siquiera, arremetió con un potente puñetazo directo al pecho de Viriato.
Con el poder de la Luz del Dios Dragón fluyendo a través de él, la velocidad de Simón era descomunal. Viriato no tuvo oportunidad alguna de reaccionar antes de que su pecho recibiera el impacto brutal del puño de Simón. Un dragón dorado rugió mientras atravesaba el cuerpo de Viriato en un instante.
—¡Bum!
Una fuerza colosal emanada del dragón lo d