—Si no quieres morir...
—Es mejor que no te muevas ahora.
Simón, mientras se agachaba con determinación para revisar atento la identificación de los hombres caídos a su alrededor, le habló a la chica que ya había saltado la cerca y se encontraba justo dentro del estacionamiento, con un aire de preocupación visible en su rostro.
La chica de cabello rubio, con sus ligeros mechones brillantes al sol, parecía estar intimidada por la formidable presencia de Simón; su rostro mostraba un asombro palpab