Un estruendoso sonido resonó.
Simón aterrizó, flexionó con agilidad las piernas y creó un cráter de cinco o seis metros de diámetro en el suelo.
Dirigió la mirada hacia adelante, encendió tranquilamente un cigarrillo y se quedó de pie en su lugar.
Unos minutos después, Lucía descendió con una cuerda y se paró junto a Simón. El helicóptero tuvo que regresar debido a la falta de un lugar adecuado para aterrizar.
Lucía miró detenidamente a Simón, que fumaba, y al gran agujero en el suelo, asombrada