Al escuchar la respectiva presentación de Simón, el flacuchento mocoso, mientras encendía un cigarro, se rio burlonamente: —¿Qué, quieres problema, mocoso?
—Cuando Ismael murió, todos sus buenos amigos vinieron al funeral, y fui yo quien los sacó del pueblo.
—Si de verdad fueras su amigo, ¿cómo no sabrías de su muerte?
—Mejor dime, ¿a qué periódico perteneces? ¿Vienes acaso, a husmear sobre el caso Ansiolex?
¿Ismael está muerto?
Simón se sorprendió al oír esto, pero no le importó que lo hubieran