—¿Cómo te va, hermano Palacios, en tu primer día como infiltrado?
En una elegante sala de Isla Lacustrina, Miguel acababa de terminar en ese momento su meditación cuando recibió la inesperada llamada de Simón.
—No me hagas bromas.
—Necesito que vengas al hospital y te hagas pasar por mi primo. Necesito una identidad adecuada para seguir aquí; de lo contrario, con mi verdadera identidad no podré investigar absolutamente nada.
Simón le dio en detalle estas instrucciones en voz baja y luego colgó e