Simón y Daniela miraban a Miguel, completamente atónitos.
De repente, Miguel parecía un orador apasionado, un luchador lleno de energía, dejando a los dos asombrados.
Después de un largo silencio, Simón murmuró: —Miguel, no te emociones tanto, habla con calma.
Miguel respiró hondo, pero seguía parado allí, observando ensimismado a ambos en silencio.
Daniela miró a Simón de reojo, y él habló con firmeza: —Con tu posición y tus conexiones, ¿no puedes simplemente hacer que las autoridades investigu