El golpe de Simón era extremadamente aterrador.
Las llamas plateadas que ardían en la espada de Toledo hicieron que todos los presentes se sintieran aturdidos, como si sus mentes estuvieran sacudidas violentamente, casi desmayándose por el fuerte impacto.
Era como si alguien hubiera golpeado ferozmente su cabeza con un mazo pesado, casi que llevándolos al borde de la inconsciencia.
Este ataque era el aterrador resultado de la intensa energía espiritual de Simón, quien no podía creer que una en