La situación tan repentina parecía indicar que algo grave había sucedido. Como era de esperar, Maximino llegó rápidamente ante Fidencio y le susurró algo al oído. Fidencio de inmediato cambió su expresión y miró apresurado a Simón.
—¿Qué pasa? —preguntó Simón algo molesto.
Fidencio, sin preocuparse por los presentes, dijo urgentemente:
—Hay miles de hombres armados rodeando el estadio y están avanzando hacia aquí. Nuestra gente ya está en retirada, y todas las señales aquí han sido bloqueadas.
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