Cuando el puño descendió, la presión aumentó de manera abrupta, el aire alrededor comenzó a solidificarse y Simón sintió que apenas podía levantar la espada en su mano.
Suspiró y activó su horno de energía espiritual, dejando que una poderosa corriente de energía espiritual ardiera con fuerza a su alrededor, liberándose de las ataduras gravitacionales.
Levantó la espada para bloquear el puño del hombre y luego realizó un giro muy sutil y misterioso con su espada, apuntando directo al cuello del