—Gracias, Elena, — dijo.
—No hay de qué, era mi trabajo, — respondió.
—Pues, hasta luego.
—Hasta luego.
Simón colgó al instante el teléfono y se limpió el sudor de la frente.
La voz de Elena resonaba en la mente de Simón, era bastante seductora. Si iba a la capital, definitivamente tenía que verla y averiguar en serio cómo se ve.
Luego Simón revisó muy atento los mensajes en su celular.
Según la información, Pancracio ya había llegado a El Reino de Eldoria, en la ciudad de Nubéria, pero no se co