A medida que todos volvieron a la normalidad tras el extraño evento, la sombría nube en los corazones de Flavia y los demás finalmente se disipó.
Miraban estupefactos a Simón con una mezcla de incredulidad y gratitud en sus ojos, como si el tiempo se hubiera detenido en ese preciso instante.
La ciudad de Miller había recuperado su vitalidad por completo, pero el miedo aún persistía en los habitantes. Era como si hubieran despertado de una pesadilla larga y realista, una que les había dejado una