Se veía una joven bien guapa, vestida con ropa local bien cortada, que entró lentamente.
La joven tendría como veinte años, bien bonita de cara y con un excelente cuerpazo, realmente guapísima.
La chava se acercó despacito a Simón, se inclinó y le hizo una reverencia muy refinada de señorita educada.
Belisario dijo: —Su Majestad, esta es mi sobrina Casilda, apenas cumplió los veinte este año, y pensé que sería muy bueno que estuviera cerca de usted para cuidarlo.
Simón se quedó muy sorprendido,