—¡Síganlo! Este será el momento que cambie el futuro. — Narciso gritó frenéticamente mientras se subía al coche muy rápido para seguirlo.
En la capital, Fabricio y Calisto, liderando las tropas que quedaban, huyeron despavoridos a la ciudad, apresurándose a organizar la defensa.
Calisto miró a Fabricio, aterrorizado, y preguntó: —¿Y ahora qué hacemos?
—¿Qué hacemos? — Fabricio respondió muy furioso: —¡Yo ya no puedo más, me voy!
La verdad es que Adalberto había muerto, la Iglesia de la Luz estab